Ella era poeta pero él no sabia leerla o al menos
no entendía el lenguaje que ella solía utilizar.
Para ella él era el regazo del viento, la más dulce
sinfonía que hubiese escuchado, era simplemente
el arranque, el motivo perfecto de todas sus emociones.
Era él, el causante de sus altos y sus bajos;
era precisamente la sinfonía de su destrucción y la autopista
perfecta para sus deslices y una que otras veces perfecta para
mandarla al abismo y estrellarla con la pesadumbre.
Ella estaba jodidamente perdida en la tierna mirada que sus ojos
le ofrecian; en sus sedientos besos con sabor a te quiero
y en sus cálidos abrazos llenos de ternura, y que más había de esperar
si ya estaba atrapada en la prórroga de su amor y escapar de ahí
serían inútiles intentos.
31/12/15
Rosa Elvia Zárate Cortés
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